miércoles, 23 de junio de 2010

¿Elefante blanco?

Me fascina la cultura hindú y creo que la conozco bastante bien para alguien que vive justo al otro lado del mundo, sin haber visitado nunca la India. Mi admiración comenzó hace algunos años con la introducción a la teología hinduista del Bhagavad Gita y ha crecido ininterrumpidamente con la apreciación de otras de sus fabulosas exportaciones culturales como la danza, la música, la arquitectura y, por supuesto, la gastronomía.

Mi primer encuentro fue con un delicioso arroz biryani con langostinos que la versada Madre de un amigo cocinó para nosotros hace ya algún tiempo, y me consta que lo hizo apegada a una auténtica receta hindú. A parte de esta graciosa casualidad, mi conocimiento de esta cocina sería pura y desabrida teoría si no fuera por que la diáspora hindú llegó a Cancún años más tarde. Así, he podido ser cliente del restaurante Taj Mahal y después de Taste of India, aunque ambos pasaron por mi paladar sin pena ni gloria.

Sin embargo, pensar que la gastronomía hindú es un todo sencillo sería tan iluso como decir que todos los platillos mexicanos caben en un menú. Yo no sé si lo que probé en estos dos restaurantes sean recetas tradicionales o sean interpretaciones “nouvelle” que están tan de moda. Tampoco sé si me dieron “taco shells” por “tortillas”, si saben a lo que me refiero... lo que sé es que no hace falta ser un experto para distinguir un platillo exquisito o apreciar un buen servicio.

La cocina hindú es muy extensa y variada, y en general es reconocida por la increíble cantidad de especias que combina, la incorporación de sabores agridulces como el chutney y el yogurt, y el uso ingenioso del horno tandoor. También es famosa por sus platillos con chile, el cual, cabe mencionar, llegó de Mesoamérica a Asia vía Filipinas en el siglo XVI con la Nao de China española.

Por lo tanto mi fe no flaqueó y este año en mi cumpleaños decidí regalarme una cena en Elefanta, un restaurante hindú que abrió sus puertas en Plaza la Isla el año pasado y no había encontrado oportunidad de visitar. El establecimiento es lindo pero no impresiona si uno ha visitado el Thai Lounge, su restaurante hermano, ya que ofrece la misma vista privilegiada a los espectaculares ocasos sobre la laguna Nichupté y el buen servicio acostumbrado; incluso los palafitos sobre el manglar, el mobiliario de teka y las enormes esferas colgantes de colores siguen la misma línea decorativa.

Lo que distingue a Elefanta quedó patente cuando pedimos varios platillos para compartir al centro: una deliciosa pierna de cordero al horno, un sabrosísimo curry de camarón con coco y un generoso arroz biryani con pollo, todo acompañado con pan naan de queso y 6 salsas diferentes. Para mi venir a saborear un esplendoroso estilo hindú de celebrar la buena mesa fue el mejor regalo.

Por eso me sorprendió que el establecimiento pareciera vacío. No pude evitar preguntarme por qué, si es verdaderamente disfrutable y la comida es insuperable. Pensé que probablemente los precios exageradamente altos de las bebidas compensaban de alguna manera el que no muchos clientes se aventuraran bajo los andamios y cimbras de la construcción del Palacio de Hierro, que ya se ha alargado muchos meses... y es una lástima porque de seguir así Elefanta no estará mucho más tiempo entre nosotros.

1 comentario:

  1. Muy exquisita forma de escribir, hasta me pude imaginar los sabores y el ambiente. Pero debo admitir que la comida hindú no es para todos, los sabores son muy fuertes y muy condimentada. Tal vez podrías pensar que tuve un mal ejemplo de comida hindú, pero no fui yo quien eligió los platillos, los eligió una hindu en el que consideraba la mejor comida hindú de New Jersey. Lo que sí debo reconocer es que la cultura hindú tiene mucho de místico, lástima que lo hayan ocupaod en gran parte para someter al pueblo a la miseria.

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